Soñemos con las drogas

         Soñemos con las drogas, soñemos con las drogas que todavía ni tan siquiera conocemos. Soñemos con el potencial de nuestra mente y la capacidad que tenemos de expandir nuestros conocimientos y nuestros límites si vencemos los miedos y superamos las prohibiciones.

         Todas aquellas personas con una posición razonable sobre la política contra las drogas nos vamos congratulando de los diversos avances que se han ido produciendo últimamente en favor de la legalización despenalización de las drogas. Pero estos avances son tímidos y claramente insuficientes. El libre consumo o cultivo de cannabis no es, ni mucho menos, el objetivo último que debemos tener aquellos que defendemos el libre consumo de sustancias estupefacientes.

           La causa moral, la que traerá mayor bien a la humanidad y será el legado que podremos dar a las generaciones futuras, es la lucha (contra) a favor de las drogas y sustancias estupefacientes.

          Muchas veces se han repetido los argumentos morales (de la piel para adentro comienza mi exclusiva jurisdicción…) o los argumentos utilitaristas (la lucha contra las drogas nos están costando miles de millones de dólares, millones de muertes, la creación y fomento de mafias y cárteles violentos, etc…), pero la razón última de la defensa del libre consumo de las drogas o sustancias estupefacientes no son los argumentos en negativo (hace más daño la prohibición que la legalización), si no los argumentos en positivo: qué bien hace a la humanidad el consumo de las drogas que conocemos y qué bien podrá hacer el consumo de las sustancias que podríamos descubrir o sintetizar, argumentos que defiendan el libre uso, experimentación y testeo de todas las sustancias psicoactivas que se encuentran en la naturaleza o que el hombre pueda producir sintéticamente.

          La defensa del libre consumo y experimentación de las drogas no es tan sólo la defensa de todas las drogas que conocemos a día de hoy y que tales efectos producen sobre nuestros cuerpos y mentes, sino la defensa de todas las drogas que podríamos descubrir y sintetizar en el futuro si se permitiese la libre iniciativa en el terreno de los estupefaccientes, ¿qué drogas no podríamos descubrir? ¿qué psicoactivos no podríamos sintetizar? ¿qué sustancias no podríamos producir que eliminen los efectos negativos de algunas drogas y fomenten los positivos? No hay más que ver el tremendo avance que se ha producido en la medicina del cuerpo en el siglo XX, y sin embargo el sorprendente por basto desconocimiento que tenemos los hombres del funcionamiento de nuestro cerebro y mente. ¿Qué estados podríamos llegar a alcanzar con un conocimiento de nuestro mundo psíquico y de las sustancias químicas que actúan o lo alteran como el que tenemos de nuestro cuerpo físico? Es este mundo de posibilidades desconocidas el que nos impulsa a la defensa de la experimentación e inversión privada en sustancias psicoactivas.

               Según don Antonio Escohotado Espinosa —maestro—: Solo conocemos una pequeña proporción de los psicofármacos naturales, dada la variedad del mundo botánico… Pero las sustancias que se encuentran en la naturaleza son limitadas, como limitadas son las medicinas que hay en las plantas, entonces, ¿cuántos psicofármacos desconocemos los hombres y cuántos podríamos generar como hemos generado medicinas para nuestro cuerpo?

            El avance del hombre en la elaboración y descubrimiento de psicofármacos ha sido un avance lentísimo, de milenios, y más lenta puede ser su evolución si continuamos con el debate sobre su prohibición.

       Desde el año 409 a.C. que se describe en las Bacantes de Eurípides los efectos que tiene la llegada del alcohol (el dios Baco, Dionisios) a la antigua Grecia, y los efectos más perniciosos todavía de su prohibición, hasta la baja edad media en que se descubre el destilado del alcohol en Europa y con ello el alcohol que permite desinfectar las heridas así como los diversos alcoholes que en tan variedad y en tal cantidad de sabores y tradiciones alegran todos los rincones de Europa (y medio mundo), transcurrió más de milenio y medio tan sólo consumiendo uva o cebada fermentadas, frente a la variedad y profundidad de placeres que pueden suministrar distintos alcoholes. Pues así como nosotros nos extrañamos de que tan sólo por la uva fermentada (ni siquiera vino en el sentido que nosotros lo entendemos, más bien una sangría aguada era lo que consumián en la antigua Grecia y Roma), se produjesen tales debates y tales escándalos, y que durante milenio y medio no se conociese el destilado, en el futuro se extrañarán nuestros semejantes de que tengamos tales debates sobre las drogas cuando apenas utilizamos o consumimos una ínfima parte de las que pueden existir o ser creadas.

          Los misterios de Aleusis, los “misterios” más “misteriosos” de la antigua Grecia parece demostrado que se producían debido a la manipulación del trigo (símbolo de Demeter y la resurrección de los infiernos) afectado por cornezuelo (que puede ser mortal) que contiene las sutancias psicoactivas del LSD. Los misterios eleusianos contaron con la participación de Platón, Aristóteles, Esquilo, Sófocles, Cicerón, Marco Aurelio, Ovidio… quienes gracias al LSD vieron las verdades más importantes de sus vidas, según Cicerón:

 Los Misterios nos dieron la vida, el alimento; enseñaron a las sociedades las costumbres y las leyes, enseñaron a los hombres a vivir como tales.

Y canta Píndaro:

¡Feliz el que después de haberlos visto,

desciende a la tierra;/

¡feliz el que conoce el fin de la vida,/

y conoce el comienzo que otorgan los dioses».

       Durante un milenio estos misterios cautivaron a la humanidad, y durante un milenio y medio fueron incomprensibles para los que admiraban el mundo clásico y no entendían estas experiencias místicas.

          Hasta que en el año 1943 Albert Hofmann sintetizó el LSD y se descubrió que lo más misterioso de los misterios era simplemente el uso de LSD. De tal manera que tenemos registro de más de un milenio de utilización del LSD de una manera no científica y no controlada, produciendo los efectos más sorprendentes en todo el mundo clásico para los filósofos, artistas y políticos que en toda la humanidad todavía admiramos, y han transcurrido tan sólo setenta años desde el descubrimiento y sintetización científica de este compuesto. Pero sin embargo hemos paralizado su investigación, prohibimos su consumo, impedimos la inversión en una sustancia tan promisoria para el bien de la humanidad, y retrasamos con ello no sólo nuestro bienestar actual, si no nuevos descubrimientos y el placer y satisfacción que podrían tener las generaciones futuras con su utilización y la utilización de las sustancias que podríamos descubrir. La defensa de la experimentación de las drogas no es para estar con Lucy in the Sky with Diamonds, si no mucho más allá, en otra galaxia y con todo lo que podamos imaginar.

        Han sido milenios los que hemos tardado en descubrir y aprender a utilizar las psicofármacos que la naturaleza nos ofrece, y ahora que tenemos la oportunidad de crear más y mejores gracias a nuestros conocimientos, de abrir las puertas de nuestros sentidos y de nuestra mente con productos químicos mucho más poderosos nos cerramos estas puertas por prohibiciones injustificables, “morales” absolutamente inmorales para la moral más elemental y miedos atávicos que en milenios todavía no hemos superado. La cuestión no es solo el daño que nos hacemos a nosotros mismos y a nuestros contemporáneos, si no el daño que hacemos a las generaciones venideras privándolas del conocimiento y disfrute de su mente en todo su potencial.

        La defensa de las drogas no es tan sólo una defensa de la despenalización del consumo de las drogas conocidas, esto es tan sólo el inicio del camino al disfrute de las sustancias psicoactivas. La defensa de los psicoactivos es una defensa de la libre investigación y la libre inversión en el tratamiento y descubrimiento de nuevos psicofármacos para su comercialización normalizada. Es una defensa no tanto de las drogas conocidas, que son pocas y poco estudiadas, si no de todos las drogas desconocidas, que nos pueden producir efectos todavía ni imaginables para nosotros, como ni imaginable era el consumo de licores para las bacantes adoradoras de Dionisios, o que la visión del sentido de la vida que experimentaban los iniciados en los misterios eleusianos era debida al LSD del trigo que tomaban. Es una defensa de la capacidad de la mente del hombre, y de las posibilidades de su expansión, es una defensa de nuestra humanidad más mística, más química y más subliminal.

(Por supuesto que todas las ideas contenidas en este texto le deben mucho a don Antonio Escohotado Espinosa -maestro- y su “Historia general de las drogas” de donde se extraen los datos y las citas).

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