El pacto (marxista) social.

…dos años después vuelven a pedir más tiempo la patronal y los sindicatos para negociar nuestros contratos.


   Pero la cuestión es: ¿quiénes son la patronal y los sindicatos para andar negociando nuestros salarios o nuestros contratos?
Y es ésta una pregunta de difícil respuesta si no se conoce las categorías marxistas.
Pues el problema, queridos lectores, es que el llamado “Pacto social” de patronal y sindicatos no es sino una categoría marxista.


    El problema no es (que ya es un problema) que no se sepa a quién representan los sindicatos (solo el 15% de los trabajadores está afiliado a alguno).
    El problema no es (que ya es un problema) que no se sepa a quién representa la patronal (¿Qué es un “empresario”? ¿un autónomo? ¿un alto directivo?).
    El problema no es (que ya es un problema) que no se sepa a quién representa el gobierno (¿a quienes les han votado? ¿a quienes votaron su programa?)


   El problema es que el mismo concepto de “diálogo social es un concepto marxista.
   El diálogo social se basa en la idea de que hay una clase social (los trabajadores, la oprimida) enfrentada a otra clase (los empresarios, opresores) y que el gobierno actúa como mediador del conflicto de clases.
   Ésa es la idea subyacente al llamado diálogo social, y es por ello que todas las noticias que recibimos a diario sobre la negociación entre la patronal y los sindicatos no es sino una tácita aceptación de la aplicación de las categorías marxistas a la Europa del siglo XXI.


   La realidad es que no existe tal cosa como una clase trabajadora (hay trabajadores, claro, cada uno de su padre y de su madre, de ninguna clase); ni una clase empresarial (hay empresarios, claro, pero no una comunión de intereses entre ellos); ni el gobierno representa los intereses de la sociedad.


   Lo que sí que hay son individuos; individuos que crean empresas y las cierran (muchos más de éstos que de aquellos en la España actual); individuos que quieren trabajar, individuos que podrían perfectamente negociar sus condiciones, su salario y su contrato, dentro de un amplio marco. 
     Pero si en lugar de ver a las personas que luchan por sacar adelante su vida, en lugar de ver el drama del paro -de cada parado que busca trabajo-; lo que vemos son categorías y super-estructuras, luchas y conflictos de clase; entonces no vemos nada relevante y casi nada podrá solucionarse.


   La verdad es que las categorías marxistas son tan inapropiadas que podrían ser perfectamente inoperantes. El problema es cuando esas categorías se utilizan no solo en los obsoletos libros de ciencias sociales sino que se aplican a legislación, pues tienen también consecuencias nefastas como nefastas son las ideas que las inspiran.
   

   La legitimidad que tienen la patronal y los sindicatos de negociar las condiciones de su contrato, es e más o menos, la misma que tiene el señor Rodríguez Braun, erigido en representante de todos los calvos de Europa, negociando con Raquel Mosquera en representación de todas las asesoras de steticien Europeas (los nombres rimbombantes son importantes) el estilo y el bruñido de la calva de los ciudadanos; eso sí, con el auspicio de Juan Cuesta, presidente-de-esta-nuestra-comunidad.


     Patronal y sindicatos llevan dos años negociando… y por mí que se pasasen otros veinte años más con que nos dejasen a todos negociar en libertad nuestras condiciones de trabajo.


     Y es que con categorías marxistas lo más probable es que se consiga crear tantos empleos como en las economías marxistas… o crear empleos marxistas.


… y así nos crece el pelo.

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